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Homo Onubensis

El Recre, Mi Recre

El Recre, Mi Recre

Este sábado el túnel del vestuario del Nuevo Colombino no parirá jugadores de fútbol sino gladiadores, y no me refiero en cuanto al valor y fuerza que se les presupone sino al destino trágico al que estarán abocados aquellos que tienen depositadas en sus piernas las ilusiones y esperanzas de un pueblo onubense, y provincial, que a base de latidos en blanquiazul intenta engañar a la mente haciendo menos pesado el negro panorama social y económico.

 

Noventa minutos separan al Decano del infierno de la inexistencia futbolística. ¿Alguien me sabría decir diez equipos de la división de plata?... Las pasarelas televisivas y publicitarias en donde se ha codeado durante los últimos años, darán paso a ese futbol más real, más de hombres, sin tantos Gutis ni Sergios Ramos de peinados fashion y gafas de moda, donde los defensas te saludan con las piernas y los codos, donde la afición rival te seca el sudor con sus cercanos y pueblerinos gritos. Tal vez es nuestro sitio natural, nuestro hábitat, la Primera División viste una talla más para este cuerpo de club semipolitizado en el que sus socios desconocen ciertamente a quien pertenece.

 

Mucho me temo que puede ser el principio de un cambio profundo para el club. El hecho de que el club no salga ni medio rentable, podría provocar una mala venta por parte del consistorio a cualquier Lopera de turno que quiera jugar a la más real de las PlayStation con que se encapriche, así, una inyección económica de ese calibre para el Ayuntamiento en los tiempos que corren, podría verse como un nuevo éxito político de nuestro señor Alcalde. Tal vez sea parte de mi pesimismo, pero estamos en Huelva... ¿qué queréis?.

 

Precisamente todo esto, mi desconocimiento de la verdadera identidad y personalidad actual del Club, el politiqueo marbellí con el que se ha utilizado la bandera del Recre, la imposición como símbolo máximo del Onubensismo cateto, la retranca del quiero y no puedo... todo ello, hizo que me alejara tanto por el Decano que apenas llego a seguidor de resultado. Podrían preguntarme quien es el rival de la próxima jornada o el dorsal de Aitor que tendría que parame unos segundos para contestar de modo certero.

 

Tal vez me quedé atrasado, pero mi Recre, el mío, no el de verdad, se quedó en el antiguo Colombino, en el barrio de Isla Chica, un barrio con sabor a Recre, a domingos por la tarde, a quioscos de chucherías y bares repletos, a marea de gente camino a casa por Federico Molina... Mi Recre se quedó en aquel equipo que sí sabíamos a quien pertenecía, con deudas o no, pero lo sabíamos. Ese recre de salida de jugadores por un túnel de reja a los sones del mítico "Ole mi Huelva Choquera... en el Futbol la Primera..." y papelillos de periódico en el aire de Viaplana. Ese recre de Colombinos con bocata entre partido y partido para ver al Flamengo o al Real Madrid. Ese Recre con un azul más claro que el que hoy defiende y publicidad de Ertoil en el pecho. Ese Recre de marcador simultaneo en el gol norte...

 

Qué pena de Recre, pero no el de ahora porque baje a Segunda, sino aquel Recre, mi Recre, que era el de los onubenses...

 

Ya llega...

Ya llega...

La vida juega con uno como le da la gana y te zarandea emocionalmente en las cosas que uno menos sospecha. Esta semana mi casa empieza a parecerse a esa  desordenada locura de los preparativos para El Rocío, bolsas por aquí y por allá, algún que otro traje de gitana colgado de no sé donde, los botos a medio ensuciar con el olor a humedad de un año, las flores que guardan los secretos de la romería anterior... y es con cada razón que me encuentro y cruzo por mi casa que mis ojos se cristalizan y humedecen sin querer frenarme en mis sentimientos. A veces me puedo resultar ridículo trasteando las bolsas con los avíos con los vellitos de punta y emocionado ante lo que viene... y sobre todo por lo que ya llevo vivido.

Enumerar los sentimientos vividos sería como intentar cazar el aire. Nadie los entendería ya que los ingredientes que los forman son exclusivos y personales. Cada cual tendrá los suyos y los vivirá a su manera. Pero si me gustaría nombrar los dos condimentos básicos para este potaje emocional que conforma mi Rocío: La Virgen y Nati.

Como ya he dicho por aquí en alguna ocasión pienso que todo está predeterminado, que tenemos nuestro DESTINO, y fue él, por mediación directa de la Madre de las Rocinas, quien quiso que mi niña, esa pequeña mujer con forma de responsabilidad, fuera a parar a trabajar al bendito pueblo de Almonte, junto a Ella. Y fueron Ellas, las dos mujeres que me ocupan la mente y el corazón, las que me quisieron regalar uno de esos momentos que se tatúan en la memoria.

El sol de aquel día de Agosto de 2005 ya terminaba de desperezarse y apretaba en aquella mañana almonteña. La Virgen del Rocío llegaba a su pueblo, a su Iglesia, después de toda una noche de oscuridad, de camino, y de fe, si de fe, porque los traslados son la máxima expresión de fe de un pueblo que recoge a su madre después de una ausencia de siete años. La noche de caminata por las arenas hacía mella en unos cuerpos que ya empezaban a buscar el acomodo en cualquiera de los lugares que nos regalaba aquella plaza frente al edificio de Alcaldía del Ayuntamiento de Almonte. La Virgen seguía su singladura discontinua de babor a estribor sin orden lógico, avanzando con ese paso inestable, firme y contundente.

La hora de la despedida llegaba. Aun quedaba el camino de vuelta a casa y no estábamos sobrados de fuerzas para aguantar los vaivenes de los almonteños en su eterna recogía, por lo que decidimos despedirnos de Ella como lo hacen los que la quiere, sin decir nada, con la mirada, con un reojo, con un cerrar de ojos, con un suspiro… Al darme la vuelta fui testigo de las lágrimas más sentidas que jamás le viera a mi mujer. Dos regueros de lágrimas transparentes y sinceras que limpiaban los churretes de toda una noche, dejando ese surco en sus mejillas mezcla de cansancio y devoción. No era un llanto de dolor, ni de pena. Eran unas lágrimas de plenitud, de agradecimiento por haberla puesto a su lado, a escasos doscientos metros que son los que separan el lugar de trabajo de Nati y el divino altar almonteño de la Virgen.

Ese día se prometió verla cada día mientras estuviera en Almonte. Y así fue.

Yo hoy sigo rebuscando mis tirantes y pañuelos mientras sigo haciendo mío ese momento entre Ellas. Sabrá Dios que se dijeron, sabrá Dios que conversación anónima y silenciosa tuvieron. De lo que sí tengo certeza es que faltan siete días para que hagamos el camino con la Hermandad Matriz de Almonte, siete días, siete noches, siete suspiros, siete ilusiones…

 

Ya llega…

 

1.000

Hoy hemos superado las

1.000 visitas...

¡Vaya!

Jamás pensé que llegaría ni tan siquiera al centenar... pero el hecho de superar en el día de hoy el millar de visitar al más sincero de los blog que llenan la red, me llena de satisfacción y me dan ganas de seguir "Huelvaneando" mis pensamientos y experiencias.

Gracias a todos aquellos que han visitado mi casa en internet, sobre todo a mis dos (y únicos) fans reconocidos, mi padre y mi niña. Gracias a todos.

Las puertas están abiertas y os invito a que en cada visita dejéis vuestra huella.

1.000 Gracias

 

Feliz Cumpleaños

¡¡¡Cumpleaños Feliz,

Cumpleaños Feliz...

Te deseo mi niña...

Cumpleaños Feliz!!!

Mi niña, te deseo que pases un día de tu cumpleaños muy especial, y que te sigas acercando a esa luz de estabilidad y felicidad que todos buscamos.

Te mereces lo mejor.

Un beso.

 

Los Sentidos

Los Sentidos

La magia de la imaginación me propone un juego y le pregunta a mis sentidos por las sensaciones que emana la  instantánea recogida por el holandés Willem Kuijpers en la Semana Santa Sevillana de 2008. Una imagen dura, horizontal, chocante y armónica al mismo tiempo.

Comenzaría el juego sensitivo por el olfato. Sin duda la foto huele a humedad, a rancio, a ese olor seco y ácido del terciopelo que se curte con los años al relente de las cuaresmas sevillanas, a sudor de costaleros en pleno esfuerzo anónimo, huele a años 30, huele a pipas y algodón de azúcar. Huele a tarde de Viernes Santo carretero por el Arenal, con las últimas luces de un sol al que le cuesta despedirse de la trágica jornada.

Si la foto tuviera sabor sería el de la canela, al recuerdo de la torrija y el arroz con leche. Al sabor áspero de ese polvo marrón que tanto endulza como amarga, como el Viernes Santo, como la foto. Un sabor a tristeza y elegancia. Un sabor a Cofradía de centro, a la perdida aristocracia sevillana que viste de negro como duelo en el día del fatal desenlace. Ese sabor de la canela que tarda en perderse, que permanece en nosotros como lo hace el lento desfilar de los nazarenos. Sabor que te pide un poco más.

El racheo pendular de los azabaches costaleros al compás de sones Cigarreros pondría la excusa sonora a esta imagen de cine mudo. Suena a suspiro de fe en un cuerpo que se encoge ante la muerta mirada de un Cristo cruficado. A vieja aldaba de bronce que llama al trabajo a los de abajo. A marcha clásica por Toneleros y al cercano murmullo del Cachorro del arrabal que se adentra en Sevilla con su corte de trianeros.

El frío bronce de las garras de águila que dan forma a los zancos del interminable canasto carretero, contrasta con las efímeras y ardientes gotas de cera que se transfiguran  en estampa cofrade en la calzada en cada semana santa. Son dos mundos diferentes, dos estadios de la divinidad, de igual modo que la dualidad de sus faldones. Por un lado el azulado y divino roce del terciopelo que perdió su brillo de lozanía dando paso a un descolorido tapiz monacal,  choca con el espinoso y dorado roleo de bordado dieciochesco que sirven de pretexto a la existencia de la heráldica central con cruz de Santiago y escudos de lambrequines de los Borbones y de los Orleans.

Y la vista… la vista que se pierde y recrea con cada detalle que nos regala la más teatral de todas las semanas santas. La vista choca ante el telón que oculta a los sacros tramoyistas que avanzan firmes como testimonio sólido de una religión que necesita más convicción que práctica. La vista se pierde en el arlequinado mosaico que forma el suelo sevillano con tanta historia y arte como modernidad y miserias. La vista se hace pasado formando parte de esta imagen que nos devuelve a lo ostentoso y arcaico que perdurará eternamente en el maravilloso espectáculo de la Semana Santa.

El efecto dominó

El efecto dominó

La urgente decisión unilateral anunciada por la dirección de la empresa Ercros de despedir a los 123 trabajadores de las tres plantas que tiene en el Polo Químico, estalló esta semana en la cara de una inacabable crisis, no siendo aun digerida la noticia por ninguna de las partes afectadas en el proceso: ni trabajadores, ni sindicatos, ni la propia ciudad de Huelva, ni tan siquiera los atascados políticos que componen el cuadro flamenco en el que se ha convertido la panorama político.

La situación del Polo Químico onubense recuerda a esos funámbulos que dudan y retan al vértigo sobre un alambre, ante las miradas indolentes de una ciudadanía onubense que se deja llevar al ritmo cansino de una situación económica que empieza a agotar esperanzas y paciencias.

El cuestionado Polo se ha venido utilizando por los partidos políticos según la conveniencia del viento que sople sin cuestionar sus necesidades y realidades. La creación del Polo de Promoción Industrial en 1964 supuso para Huelva la fractura con aquel pueblo grande hecho capital a empujones y la llegada de decenas de miles de provincianos que dieron vida a los nuevos barrios en expansión. De este modo, el Polo fue recibido con los brazos abiertos por la incipiente burguesía sesentera como símbolo de progreso, modernidad y bienestar económico, sin atender al precio ecológico y sanitario que aquellos ciudadanos onubenses sin identidad ni raíces tendrían que pagar.

El gran cambio que experimentó España en el 92 sirvió para el despegue definitivo hacia la consolidación como País con mayúscula. Particularmente pienso que la Transición política española finalizó en ese año adoptando el país finalmente un peso político y un reconocimiento internacional que hasta la fecha se veían inalcanzables. Ese año supuso igualmente otra vuelta de tuerca hacia la modernidad, las nuevas tecnologías y el medio ambiente. Una nueva forma de ver y entender la vida que hizo abrir los ojos a la realidad de la Industria en el Polo Químico. Fuimos testigos (al menos a partir de entonces quisimos serlo) de vertidos descontrolados a una triste y mutilada ría, de la creación de una ciudad nevada de fosfoyesos, de la multiplicación  de los casos de cáncer entre la ciudadanía… Huelva se quiso dar cuenta de la bomba que ponía fondo a las imágenes de la capital.

Comenzaron desde entonces a alzarse voces en contra de la Industria, convirtiéndose para todos en el enemigo común de una capital entretenida en la creación de un onubensismo impuesto por decreto a base de recreativismo, pasos y carretas. Se crean plataformas como La Mesa de la Ría, para solicitar el cierre definitivo escondiendo unos claros intereses económicos detrás del mismo, se anuncian acuerdos de plazos de cierres por parte de partidos políticos, se reorganizan los vertidos y las posibilidades de los mismo… mil soluciones, mil voces y ninguna medida adoptada. Muy propio del onubense arreglamundos que adoctrina desde el altar de la barra de un bar.

Dicen que uno piensa mejor con el estómago lleno. Pues no sé yo. La desesperante y repentina crisis ha desenmascarado la verdadera realidad de un arcaico Polo Químico que hace de pilar económico y laboral de lo que se ha bautizado como el Área Metropolitana. Ahora que nos hemos hecho conscientes de que el agua realmente si esta en el cuello y que las empresas comienzan a despedir trabajadores, recortar la producción, aplicar ERE´s o, como es el caso de Ercros, cerrar las plantas, ahora, los políticos y por ende la ciudadanía borrega, enarbola de nuevo la bandera del Polo Químico como santo y seña de una ciudad podrida por dentro y por fuera.

Quiero no temer que la decisión de Ercros provoque un efecto dominó sobre el resto de las hipotecadas y ruinosas empresas, ya que da la sensación que compañías como Tioxide o Fertiberia están encantadas de que les toquen las palmas para ponerse a bailar, interesándole lo más mínimo Huelva y sus huelvanos. Tarde o temprano se irán argumentando regulaciones laborales y bases económicas insostenibles dejando un reguero de paro, mierda y cáncer que nos tocará aguantar y sufrir a los apáticos onubenses desde la barra de un bar soñando con la permanencia del Recre, los pasos y las carretas…

Homo Onubensis Dixit

Cuestión de Fe

Cuestión de Fe

Reza una sevillana que me embrujan las cinco letras con las que escribo tu nombre y, a decir verdad, esa voz que resulta y dice ROCIO, encierra uno de los mayores misterios que al ser humano se le escapa de su propia razón. Hablar de El Rocío es una irresponsable osadía, ya que no ha nacido poeta que sepa definir las sensaciones y sentimientos que se destilan en la romería de la aldea almonteña.

Para hablar hay que conocer. De nada sirven los prejuicios estéticos y morales que se puedan tener si se habla desde la barrea de la mera observación. El Rocío, el autentico, el verdadero, el alejado de los estereotipos que marcan los medios de comunicación andaluces, el que en nada tiene que ver con la prensa rosa ni con trajes de diseño de Ángeles Verano o Basi del Río, ése, ese Rocío, enamora y convence al más escéptico y ateo de los mortales que osen a visitar las arenas doñanescas de la mariana aldea.

La primera barrera a destruir para la conversión del prevenido rociero es la diatriba entre la FE y la FIESTA, la eterna discusión y argumento de la cuestión religiosa durante la Romería. Personalmente pienso que el Rocío sobrepasa la fe y la necesidad del rezo durante los seis días de romería. Ella, la Virgen, reposa en su dorado retablo durante el resto del año y, desde luego, quien quiere hablar y conversar con Santa María de las Rocinas, no busca ser el reflejo de las miradas de los que llenan la ermita esos días sino que se acerca cualquiera de las tardes otoñales para “echar un ratito con Ella”, alejado de miradas, sin tiempo establecido de visitas, sin llantos, sin medallas.

Por tanto, la necesidad e imperiosidad de justificar el sentido religioso carece de valor, siendo la Virgen el mayor y único de los reclamos que provoca ese hormiguero dunar en el que se transforma la aldea. La Virgen es la razón de la existencia de la romería, el imán que atrae a curiosos y peregrinos desde todos los rincones del universo. Así, la Virgen no es la excusa para ir de romería sino que es causa del peregrinar de miles de romeros.

Para seguir entendiendo esto valga el ejemplo del almonteño, maestro  celoso y  guardián de la tradición más pura de un pueblo, entregado a una devoción en el que el calendario se sucede de siete en siete años. El almonteño no va al Rocío sino que él mismo es el propio Rocío, y los demás, nos guste o no, lo comprendamos o no, sólo podemos a aspirar a compartir junto a ellos su romería con sus formas y costumbres. La naturalidad de sus formas en el ajetreo cotidiano de esos seis días de gloria, se te marca a fuego cuando compartes con ellos algunos de los momentos rocieros. A mí me tienen ganao, lo confieso. La sensatez con la que celebran su fiesta, la tranquilidad con la que conviven esos días huyendo de fantasiosas puestas en escena, la sencillez de la presencia en sus casas de la aldea donde la romería fluye con un sentido lógico y natural. Insisto. A mí eso me tiene ganao. Guardo en el cajón de los recuerdos personales la visita a la casa familiar de Ángel e Inma donde el cafelito de media tarde lo  tomamos entre chiquillos viendo la tele, algún que otro anciano desatendiendo a sus propios pensamientos entre el duermevelas de la tarde que comienza a pedir permiso a la noche para irse y los coletazos de los últimos amigos restantes de la visita anterior que continúan en la eterna despedida de una casa del Rocío. Esa sencillez, esas puertas abiertas de par en par, las babuchas de estar por casa… eso es el Rocío.

Continuará…

Cortos Mundo Ficción

Antes de nada una reflexión que me precede a lo que iba a escribir.

Iba a comenzar este nuevo post diciendo aquello de "ayer llegó a mis mano un correo electrónico...". Ayer llegó a mis manos un correo electrónico. Al pensarlo dos veces (Ay si hiciera lo mismo más a menudo...) me percaté de la absurda incongruencia de la expresión y comencé casi sin quererlo a darle vueltas al asunto. La verdad que resulta difícil de explicar el grado de cotidianidad y necesidad que han adquirido las nuevas tecnologías en nuestras vidas, se nos hacen imprescindibles, vitales. Cuántas veces rememoramos familiares cercanos de los gerentes de Ono, Telfónica o Jazztel cuando la red va un poco más lenta de la cuenta, cuántas veces nos hacemos en una ridícula posición ondeando el móvil al viento buscando una cobertura inexistente, cuántas veces nos exusamos del mundo oyendo música en nuestro i-pod tal vez para no oir nada...

Yo me confieso un adicto ilusorio a las nuevas tecnologías, si pudiera permitírmelo seria consumidor irreciclable de los de    i-phone, i-pod, psp... pero no tengo más remedio que conformarme con el portátil a media velocidad que compartimos en casa y el mp3 de los chinos que le regalaron a Nati en la cena del Colegio de Arquitectos. De todos modos no me quejo, si más tuviera, más cara de arroba se me pondría.

Y ahora a lo que vamos...

Ayer llegó a mis manos un correo electrónico con dos cortos de la productora sevillana Mundo Ficción que me dejaron un fantástico sabor de boca, continué bicheando buscando más información sobre ellos pero de momento no supe localizar nada más. A continuación os dejo con dos obras de arte del corto andaluz.

ESTO YA NO ES LO QUE ERA

 

ESO ES ASI

La Anécdota Cofrade de un Maestro

La Anécdota Cofrade de un Maestro

Concédanme hoy la licencia de citar en mi modesto espacio a una de esas personas que, con independencia de sus colores políticos, que gracias a Dios eso ya está superado, lleva a gala la bandera de Andalucía y del sentir andaluz por todos los rincones de este mundo. Permítanme hoy que rescate un pequeño fragmento del Pregón de la Semana Santa de Sevilla que en 2001 diera el enorme Carlos Herrera. Sin duda uno de esos pregones llenos de maestría y arte alejado del lirísmo bosteceador a los que nos tienen acostumbrados. Al menos, en Sevilla, cada cual arrima su pluma al árbol que le conviene, guste o no, independiente de la búsqueda del aplauso fácil. Prueba de ello son los últimos pregones editados en la vieja Híspalis, cada uno de su padre y de su madre y rebosantes de personalidad, sin necesidad de cuerdecitas o nanas. Tal vez cosas como esa les hace diferentes.

Carlos Herrera decía...

"Pero de todos los casos paradigmáticos del irresistible imán de Sevilla yo me permitiría citarles el de quién hoy es mi esposa y madre de dos sevillanos que ya se han estrenado en los trámites nazarenos.

 

Por si no lo saben, mi mujer es de origen navarro. Cuando yo le hablaba, recién ella llegada, además, de muchos años de residencia en la América Hispana, me preguntaba a mí mismo hasta qué punto estaba yo dispuesto a sacrificar mi Semana Santa en el caso de que llegáramos a más y a aquella muchacha no le entrara la Pasión por nuestras tradiciones, que, de hecho, es algo que a veces pasa.

 

De modo que aquél primer año en el que ella se llegó a Sevilla por Domingo de Ramos, les aseguro que procuré que disfrutara de la Semana Santa más excepcional que ser humano alguno haya conocido. Hablé con los capataces amigos para que le dedicaran las chicotás más emocionantes, diciéndoles si era necesario que se trataba de una pobre muchacha enferma que no acababa de recuperarse (alguno hubo que la miró, me miró a mí y me dijo "¿de recuperarse de qué, miarma?").

 

Le hice ver los misterios desde los mejores balcones, escuchar a saeteros emocionantes uno por cada lado, asistir desde rincones privilegiados a los momentos más enternecedores, presenciar desde su capilla la salida de algunos pasos y la recogida de otros... en fin, pasar una Semana que muchos sevillanos tal vez no conozcan. La cosa funcionó ya que desde aquel año se ha convertido en una sabia y prudente cofrade. Aunque el momento en el que comprobé que la Semana Santa había entrado en sus venas de forma irremediable ocurrió al cabo de tan solo un par de años, cuando, ya yo tranquilo sabiendo que no me iba a proponer que nos fuéramos a Benidorm o a Matalascañas, estábamos asistiendo en el balcón de un amigo al paso de una de las cofradías de su preferencia. Ella, aunque no se lo crean, estaba escuchando las transmisiones radiofónicas que Fran, Juanmi, Luis, Víctor, Araceli o Charo bordan en Canal Sur Radio y, en un momento determinado, hizo un gesto de manifiesto desacuerdo y enfado, ese al que me refería antes y que consiste en decir muchas veces que no con la cabeza. Cuando me interesé por lo que pasaba, temiéndome algo malo, ella, parsimoniosamente, se retiró un auricular de su oído y me espetó:

 

-¿Que qué ha pasado? Que la cofradía ha entrado con dieciocho minutos de retraso.

Y añadió:

- ¿Hay derecho a esto?

 

Les aseguro que desde ese momento estuve mucho más tranquilo. Supe que, para siempre, yo y mis generaciones venideras, seguiríamos siendo cofrades.

 

Ole.

 

Buenos anuncios de Rugby de NIKE y ADIDAS

El Destino

El Destino

La entrecortada y velada luna llena de Jueves Santo que se dibujaba entre la agreste arboleda más alta del Cerro de San Cristóbal, anunciaba la frialdad y magia propia de una noche de Pasión como aquella: misteriosa, azarosa, emocionante. El atrezo que formaba el paisaje de la Sierra aquella noche parecía extraído de alguna de las películas de terror sin color de los años veinte con cierto matiz buñuelesco.

 

 A veces la vida se encarga ella misma de atarte en corto a tus raíces por mucho que uno quiera olvidar el pasado y, lo que sentí aquella noche, fue un puñetazo del destino en pleno rostro.

 

Pretendía huir de todo y pensar en nada relativo a lo cofrade en esta Semana de Pasión. Tal vez ya dí esa vuelta de tuerca de cofrade ochentero, sobrado y listo de papeles que pide la cuenta con demasiada prisa. Si me fui de un modo precipitado fue porque me quise comer el mundo en tres días (o en treinta años de vida cofrade) y, como buen Rodríguez, la exageración forma parte de mi curriculum vitae. Perdí una batalla, pero gané la personal guerra que libraba con mis propios fantasmas.

 

La historia comienza de mañana. Una mañana impregnada de la primera brisa del día que acaricia la piel sin pedir permiso. Una mañana almuniense con ausencia de ruido civilizado donde el tiempo parece robarle la prisa al reloj. Una mañana de paseo buscando el brillante sol que golpea de cerca pero sin fuerza en aquella loma medieval, de saludo de “buenos días” de labios de los nobles y gentiles nativos al coincidir en la calle. Una mañana de esas, de las de la Sierra, en las que la tranquilidad parece rebosar de los quietos visillos de las viejas ventanas de Almonaster.

 

Y siempre presente y siempre visible, la silueta recortada de la torre de la Iglesia de San Martín, recinto gótico mudéjar, que parece elevarse buscando ser el reflejo del alminar de la Mezquita al otro lado del valle, de cuántas reyertas cumplidas y ajustes de cuentas de moros y cristianos habrá sido testigo, cuántos besos furtivos habrán arropado sus piedras, cuántas oraciones a Dioses distintos habrá albergado esas paredes milenarias.

 

Aquella Santa mañana la Iglesia nos sorprendió abierta. De todas las veces que hemos visitado este portal de belén en forma de pueblo, solo en una ocasión adivinamos la pequeña ojiva de su puerta entreabierta, dos sin contamos con la presente, por lo que la curiosidad y la situación, no hay que olvidar la divina festividad del día en cuestión, nos hizo que cruzáramos la puerta que separa lo celestial de lo humano y entráramos en aquella casa de Dios, estando ésta entre las más humildes que el creador pudiera tener.

 

En la raída puerta un cartel. Un sencillo folio color crema fotocopiado a color con el calendario de actos para la Semana Santa, que lejos de besamanos, triduos o quinarios, se resumían a tres eventos para cumplimentar la deuda moral con Dios. El rezo del Santo Rosario, el traslado del Cristo a su ermita… y la Procesión del Jueves Santo. Nuestra primera reacción, la de estos fugitivos del izquierdalante derechatrás, fue de sorpresa, interés y curiosidad. Y curiosidad, interés y sorpresa fue lo que sentimos al observar la conocida imagen de dos sencillas parihuelas dispuestas para cumplimentar con el rito de una salida procesional. A mi retina volvieron imágenes del pasado con pasos a medio montar en el silencio de una Iglesia. El olor a paso, el silencio que irrita el oído, las solitarias e inestables llamas de un par de velas en un altar, el haz de luz que se cuela por debajo de puertas y ventanas, miradas supersticiosas de santos más fríos que beatos… recordé aquellas sensaciones de niño en la Iglesia de San Pedro de la mano de mis padres o en las mías propias recientemente en Santa Iglesia Catedral.

 

Y allí, una vez dentro, en su interior, dos sencillas hornacinas portátiles daban cobijo a sendas imágenes. La primera, la que rendía culto a la imagen del Señor, de reducidas dimensiones y humilde, como la advocación de la imagen que soportaba, Humildad y Paciencia, una preciosa imagen datada en el último tercio del siglo XVII. Cuatro faroles en metal dorado y un friso de claveles rojos dejados caer con más devoción que maña, eran el aporte estético de aquella singular estampa.

 

Al otro lado, un no del todo pequeño paso de palio que amparaba la imagen de María Santísima. Destacaban a primera vista los tres bancos de metal gris que servirían de trabajaderas para los portadores y, seguidamente, el coqueto palio negro de bambalinas de corte juanmanuelino con bordado en oro de motivos florales. Apenas un par de candelabros de guardabrisas de tres luces y cuatro bouquet de claveles blancos enmarcan la escena del particular y singular paso de palio almuniense.  El paso de palio, el piropo más sincero y bello de un andaluz para la Madre de Dios.

 

Las diez de la noche era la hora marcada para la salida procesional de aquella improvisada Cofradía. Plan perfecto. Seríamos testigos de la salida de la procesión para luego ir a pecar conscientemente con alguno de los manjares que nos regala la tierra de la Sierra de Huelva. Desde hacía días, las reservas para las cenas en el familiar y cumplidor Rincón de Curro, estaban hechas con más ilusión que expectación y contábamos las horas para acudir a nuestra culinaria cita. Pero… si las leyes están para quebrantarlas, los planes están para hacerlos añicos.

 

Una copa de Ribera del Duero era el testigo y acompañante de la misma entrecortada y velada luna llena de Jueves Santo, que se dibujaba entre la agreste arboleda más alta del Cerro de San Cristóbal… La miraba melancólico y vacío, buscando algún resquicio que me siguiera atando al porvenir de mi vida cofrade, y conforme los árboles parían aquella luna perfecta más nacía en mí la sensación de borrar definitivamente con el pasado. Son más las heridas de guerra sufridas que las medallas que cuelgan del pecho de este mercenario de las Cofradías.

 

Con cada segundo que se consumía la noche se iba tornando más fría y solitaria. Cada paso que dábamos hacia nuestro encuentro con la Iglesia nos hacía más conscientes de la necesidad de buscar el calor del restaurante y permanecer allí al refugio de un buen vino rindiendo culto a Baco y otros dioses del Olimpo pagano.

 

Fuimos cumplidores con la hora de llegada al templo y a las diez de la noche nos presentamos a las puertas de la Iglesia Parroquial de San Martín. Apenas una veintena de fieles, o de infieles, que para el caso es lo de menos, ocupaban el interior del templo en una especie de espera y de rezo que se hacía incomprensible. Bastaron un par de minutos más para comprender la situación y así se lo hice llegar a mi mujer: “Nati, no tienen gente para sacar los pasos…”.

 

Lo que comenzó siendo un comentario a medio camino entre la anécdota y la broma fue tomando cuerpo en una especie de cosquilleo interior que me comenzaba a incomodar. Sentados en el interior de templo y desviando las miradas y los oídos de un lugar a otro, para captar las sensaciones de los presentes, la amenaza fue haciéndose realidad. Los lugareños se enumeraban y alistaban para portar las imágenes y apenas superaban la decena el número de hombres nobles y seguramente agnósticos dispuestos a cumplir con la tradición. El nerviosismo y la inquietud se iba apoderando de una masa de señoras mayores que entonaban algún que otro cántico popular de iglesia con más devoción que entonación. La situación era la definición exacta del patetismo.

 

A medio camino entre el deber y el querer o la vergüenza y la nobleza, decidimos volver a la puerta del templo y observar la inminente y caótica salida que comenzaba a organizarse.

 

Abría el cortejo dos filas de devotas longevas que a coro cantaban salves y cánticos antiguos dedicados al señor de la Humildad y Paciencia. El cromatismo de la noche, la incipiente frialdad serrana, la doliente procesión que iniciaba su caminar, la iluminada y omnipresente mezquita de fondo… eran los ingredientes de uno de esos momentos llenos de autenticidad, de veracidad, de pureza que se hacen irrepetibles y necesarios a lo largo de una vida.

 

El primer paso acarició la noche súbitamente portado por los cuatro voluntarios más octogenarios de los que se ofrecieron como cargadores de la confusa y precipitada Cofradía. Las reducidas dimensiones de la parihuela y su escaso peso así lo hicieron oportuno.

 

Pero aún faltaba por besar la calle el pequeño, pero no por ello liviano, paso de palio que acogía la imagen de la Virgen. Su salida rozó lo grotesco, lo satírico. Apenas media docena de hombros sacaban a rastras un altar que se desmoronaba como un castillo de naipes por los sufridos y violentos movimientos que los esforzados costaleros se remediaban a realizar.

 

Y no pude más…

 

Ese Quijote que habita en mi interior hizo que me acercara al paso y me dirigiese al histérico capataz ofreciendo mi ayuda para portar el paso de la Virgen. Sin darme más opción ni respiro ya estaba en el costero izquierdo (¡ay ese costero izquierdo del Señor de la Burrita…!) sujetando una de los bancos que sostenía el paso. La lógica precipitación, la desorganización y las necesidades hicieron que me colocara junto a hombres muchos más bajos que yo que anunciaban quejosos y aliviados que no soportaban carga alguna.

 

Bastó una mirada comprensiva y cómplice entre mi mujer y yo para que comprendiéramos que la cena podría esperar, que ese Jueves Santo, como hace años lo estuviera bajo la imagen de Jesús Nazareno, estaría de nuevo soportando la divina carga del peso de un paso.

 

Ese Jueves Santo me acercó de nuevo al calor de las Cofradías avivando los rescoldos de mi pasado cofrade. Me enseñó a ver el lado autentico de ellas,  el sentido original de la Semana Santa, el verdadero, donde las creencias están por encimas de mantos bordados y de Juntas de Gobierno. De varas y de mantillas. De nuevo me trasladó a tiempos ilustres de mi familia, de una familia entregada a un Domingo de Ramos o a un Sábado de Pasión. Ese paso, el más sencillo y humilde de los que he podido ser testigo, me llenó del sabor que tiene un paso de palio.

Pero como dije anteriormente, el destino, ese destino que hoy quiso hacer de mis entrañas un ovillo, aun me tenía guardado la última de las bofetadas morales y sentimentales de aquella noche.

 

Entre los nervios y la precipitación del momento aun desconocía la advocación de aquella pequeña virgen dolorosa vestida de negro y en una de las paradas que se me hacían tan necesarias, le pregunté al rechoncho cargador que me precedía en el banco por el nombre de aquella imagen de María Santísima.

 

Aquellas seis letras de su respuesta provocaron el más sincero de los surcos de lágrimas que tanto mi mujer y yo derramáramos en nuestra historia cofrade. Tal vez nadie entendiese como dos forasteros extraños podían sentir y aflorar tanta devoción hacia una imagen desconocida para ellos.

 

La respuesta de aquel hombre fue: “¿La Virgen?... Se llama Virgen de Gracia…”

 

 

Al destino.

 

Quantum of Solace (Marc Foster)

Quantum of Solace (Marc Foster)

Después de ver la segunda película de la nueva etapa de 007 ya me he convencido por completo de la fractura total que existe entre los anteriores Bond y el actual. Los registros han cambiado por completo desapareciendo el rol de galán con una educación y sensibilidad extrema, para dar paso a los kilos de humanidad y dureza del Bond que interpreta Daniel Craig.

Bien es cierto que se suaviza algo más si atendemos a la primera de las películas que protagoniza el actor de Chester, ya que Casino Royale choca frontalmente al espectador por su violencia tan explícita (como las primeras imágenes de la película en blanco y negro), pero lejos quedan ya esas limpias contiendas entre el eterno Sean Connery y algún secuaz de Electra.

El comienzo en las calles (o tejados) de Siena es de lo mejorcito de la cinta. Una persecución tratada con unas tomas que a veces te hacen perder el equilibrio desafiando al vertigo por su velocidad y unos escenarios cuidados y elegidos, te hacen engancharte rápidamente a la película esperando ver un pronto desenlace. Exceptuando al Bond (Daniel Craig) y a M (Judi Dench) el resto de las interpretaciones son poco reseñables, tal vez hecho a conciencia por la mano del director otorgándole totalmente el peso de la película al agente secreto.

Su encuentro con su enemigo Vesper, el trágico final de Green, el empresario mafioso que actua en la película al que deja en medio del desierto con un lata de aceite de coche, y la actuación final de Bond en el cuartel general de Medrano, son los momentos más interesantes de esta película que cumple con nota el honor de pertenecer a una de las sagas más importantes de la historia del cine

 

Caribú, el rebelde con causa

Caribú, el rebelde con causa

Reza un dicho popular que no se le pueden poner puertas al campo, pero si atendemos a la pequeña historia de Caribú, el lince rebelde y díscolo, podremos comprender que no hay nada más acotado que el medio rural y más si perteneces a esa dichosa especie de felino tan andaluz como Curro Romero.

A lo primero que debemos acercanos para comprender la personalidad y sentimientos de este lince es a su origen. Caribú, el lince con nombre de mamífero rumiante de la familia cérvidos, fue exportado desde los montes de Sierra Morena, su hábitad natural, hasta el mismísimo corazón de Doñana para obligarlo a procrear  y así incrementar las nuevas camadas de linces en nuestro Parque Natural. Un semental forzado. Un lince que se vió privado de su espacio, de su entorno, de sus breves y discontínuos ascerceos amorosos. Un animal que vio como le ponían ante sus ojos a las principales, pero frígidas, tops models linces que habitan en Doñana. Allá se plantó él, un apuesto chico de campo acostumbrado a mendigar alguna culebrilla o algún ratoncejo perdido, y manchar sus bigotes descuidados del barro de la mañana campestre cordobesa, ante la flor y nata de su especie. Linces amamantados por biberones cada mañana, linces a los que toman la temperatura cada cuarto de hora, linces que no saben lo que es mirar la luna desde lo alto de un pino piñonero.

Ante tal panorama, Caribú, el rebelde con causa, cogió una mañana sus maletas vacías y retó a los vigilantes carceleros y mamporreros escapándose del recinto almonteño para buscar su libertad, su casa, su espacio. Caribú, desconcertado y perdido, vagó por los campos de Doñana sin un rumbo fijo, sólo sabía que debía de escapar de su cárcel sexual. Recorrió Almonte, Bollulos, cruzó la autopista, su estrecho, jugándose la vida como cientos de inmigrantes cada día en busca de un sueño irreal, subió a La Palma, disfrutó de los campos de Valverde y se atrevió  con el olor a aguardiente en Zalamea... así hasta Jabugo, recorriendo centenares de kilómetros por la georgrafía onubense lanzándole un guante a los cuidadores de Doñana que, a través del GPS instalado en su piel, atendían atónitos e impotentes ante el viaje onírico de Caribú.

Días más tarde, como Steve McQueen en La Gran Evasión, regresaría a su recinto con un apuesto paso marcial ante la enamoradiza y furtivas miradas femeninas.

Ahora, los que saben de esto (no de cine, sino de animales) después de estudiar sus movimientos y comportamiento, dicen que Caribú es "submaduro".

A mí, solo me queda rendir un homenaje sincero a este lince, a Caribú, por luchar por su libertad.

Un abrazo de LINCE a LINCE

El Factor Humano (John Carlin)

El Factor Humano (John Carlin)

Creo que jamás me leí un libro tan rápido como este del que os hablo. Desde el primer día que supe de él tuve el deseo de hacerme con esta obra para poder acercarme a una de las historias más bellas y brutales de la era reciente: el fin del apartheid. El libro narra la historia del líder político Nelson Mandela, desde su inclusión en la prisión de Robben Island hasta su coronación como lider del pueblo surafricano (blanco o negro) todo ello, con el transfondo del rugby y de la Copa del Mundo de Suráfrica en 1995.

El libro ofrece la inteligencia política y social del Mandela, y desenmascara el empleó del evento deportivo por parte del lider del CNA para "recrear" un espíritu nacionalista nuevo. A base de entrevistas de los propios personajes involucrados en la historia, el autor, John Carlin (del que suelo seguir sus crónicas deportivas en El País), nos acerca a esta historia de injusticias y evolución política.

De las tantas citas que se pueden extraer de la obra me quedo con la anunciada por Benazzi, delantero de la selección francesa, días después de perder la seminifal contra la selección Springbooks. Abdelatif Benazzi se confesó al exjugador surafricano Du Plessis diciendo "lloramos desconsolados cuando perdimos con vosotros. Pero, cuando fui a ver la final el fin de semana siguiente, volví a llorar, porque sabía que era más importante que no estuviéramos allí, que lo que estaba ocurriendo  ante nuestros ojos era más importante que una victoria o una derrota en un partido de rugby". A mi, cosas como estas... son las que me enamoran del rugby y lo hacen un deporte distinto.

Sin duda un libro de historia, de la más historia reciente de nuestro planeta. Todo un ejemplo de superación, de perdón, de humildad, de respeto. Valores que Carlin aplica en su libro pero que se extraen de este deporte tan apasionante como desconocido llamado Rugby.

Os invito a su lectura. No perderéis el tiempo.

 

Feliz Cumpleaños... amiga República

Feliz Cumpleaños... amiga República

Hoy 14 de Abril, una señora llamada República cumple 78 años. La verdad es que no está para muchos trotes y anda olvidada en el recuerdo de muchos, nostálgicos enamorados y románticos que añoran sus años de gloria. No me hubiese conformado en el día de hoy en no soplar las velas con ella y brindar por su SALUD... y REPÚBLICA.

Felicidades vieja compañera.

A respirar...

A respirar...

Ya pasó Nati. Por fín pasó el señaladísimo día de tu examen de tus oposiciones. Dios...

No me lo puedo creer, que después de años soñando con que llegase este día ya puedes decir a pleno pulmón que has cumplido con tu trabajo. Solo queda esperar. Sólo que el tribunal se decante por esta pequeña niña que es capaz de llevar a sus espaldas es peso de una responsabilidad impropia e inadecuada. Justo antes de que salieras para hacer la prueba te comenté que pasara lo que pasara estaba orgulloso de ti, porque lo habías dado todo y, haciendo eso, los resultados llegan. Pues si Nati, estoy muy orgulloso de ti. Lo conseguiste cielo.

Esperemos que no haya ningún problema y pronto tomes cargo de tu plaza.

Felicidades Nati.

Te lo mereces. Te quiero.

21 Black Jack (Robert Luketic)

21 Black Jack (Robert Luketic)

Dada mi debilidad particular por este tipo de cintas de acción relativas al mundo del juego y el azar, me encuentro con esta película a medio camino entre una buena idea y la típica comedia universitaria americana. El Planteamiento, a pesar de ser algo exagerado y ficticio, me resulta desde un primer momento atrayente e interesante. Seis mentes privilegiadas son reclutadoas por un profesor de Instituto para, con sus habilidades intelectuales y matemáticas, hacer saltar la banca de los principales casinos de Las Vegas. El dinero fácil hace cambiar la personalidad de Ben Campbell (Jim Sturgess), un brillante estudiante que busca una beca para estudiar Medicina, convirtiéndolo en un joven frívolo y amoral. De entre otros personajes hay que citar el papel del profesor Miky Rosa, que es interpretado por un pobre Kevin Spacey y la sensual y atractiva Jill Taylor (Kate Bosworth). Testimonial el corto papel del eternamente "matrixzado" Laurence Fishburne interpretando a un miembro de la seguridad privada de un Casino.

Si nos acercamos a películas que tratan el el tema del robo y el juego como Roundes, la saga Ocean´s o la propia obra maestra El Golpe, nos chocamos de frente ante una de las peores cintas de este género de acción. No llama la atención ni por interpretación ni por historia. Eso si, a veces el uso acelerado de la cámara y determinadas escenas (sobre todo en el momento de las partidas) es más que acertado e intersante.

 

El Final

Por fin la meta Nati.

Llegó el día 13 y con él la tan esperada fecha del exámen. Ha costado muchísimo trabajo llegar hasta aquí, muchas tardes delante de los apuntes y demasiadas mañanas estudiando los artículos de la Constitución.

Muchos días de nervios y de melancolía, de tener constantemente la prueba en la cabeza como único pensamiento. De incertidumbre, de tristeza, de querer tirar la toalla.

Pero ya llegó, ya esta la meta ante nuestros ojos. Por fin.

Recurrir a la suerte es de débiles. Tu no lo eres. Con tu tesón y constancia sacas adelante todo lo que te propones y, en este caso, espero que sea así. Como te dije un día "si esa plaza es para tí, lo será". Sin duda te la mereces.

Un beso Nati. 

A por ello... 

Tu recta final...

Apenas seis días para la cita con tu objetivo desde hace años. Sólo seis días para dejar atrás una de esas puertas que tan cerradas veías hace meses y que ahora están anunciando una más que merecida luz. Séis días para que muchos de tus fantasmas desaparezcan y recuperes tu tiempo personal perdido. Seis días para que alcances tu sitio, el que te ganas día a día por tu profesionalidad y capacidad. Seis días para poder llenarte de aire fresco e ilusionante.

Seis días cielo.

Seis días para tu examen.

De sobra sabes que pase lo que pase estaré a tu lado. Seré el primero que beberé tus lágrimas sean de éxito o de fracaso. Seré el primero en encajar los golpes de las dudas ya disipadas. Ni que decir tengo que sabes para mí eres la campeona. La medalla de oro en esta carrera que se nos está haciendo eterna. Eterna pero llevadera con tu sorprendente sonrisa, con tu buen humor, con tus ganas, con tu ilusión.

Seis días... qué cerca lo tenemos. Qué cerca está tu premio a tantos años de trabajo bien hecho.

Seis días... y yo estaré ahi.

Seis días Nati.

Ánimo, fuerza, valor, coraje, valentía... amor.

Seis días.

Transsiberian (Brad Anderson)

Transsiberian (Brad Anderson)

Tenía ganas de ver esta película desde que la ví anunciada. En ella quise ver esa unión cinematográfica de acción e intriga que tanto me gusta a la hora de disfrutar de un buena cinta, pero la sabatina hora digestiva en la que me encontraba, el hecho de mi posición acomodado en el sofá  y la media luz de la recien estrenada tarde como invitada en mi salón, presagiaban una cabezada merecida y española. Tengo que decir que no llegué al extremo, pero el ritmo inicial de la película, tal vez a propósito por la pesadez del largo viaje en tren por la helada Rusia, invitaba a ello.

La lenta historia parte del viaje en el mítico tren ruso de un matrimonio en busca de alguna emoción en sus vidas monótonas. Jessie, es una fotógrafa con un pasado algo turbio rescatada del alcohol por su marido Roy, un plano Woody Harrelson que no brilla en toda la película. En el viaje conocen a una jóven y extraña pareja formada por Carlos (Eduardo Noriega) y Abby (Kate Mara), unos traficantes de drogas que intentan sacar provecho de la inocencia del matrimonio americano.

La cinta se va complicando a medida que transcurre la película y aumentan las mentiras y dudas de Jessie, que siente un creciente e inesperado interés pasional por Carlos, y en mayor medida con la entrada en escena de un genial Ben Kingsley en el papel de un agente policial mafioso llamado Grinko. Sin apenas dar tiempo a un respiro y a una breve reflexión, Jessie se ve envuelta en un asesinato y con una maleta repleta de muñecas rusas llenas de droga.

Una buena trama y un excelente montaje de la película hacen que finalmente te enganches y aproveches esa tarde de sábado en disfrutar de una película diferente.