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Homo Onubensis

Quemar después de Leer (Joel y Ethan Coen)

Quemar después de Leer (Joel y Ethan Coen)

El pasado fin de semana nos tocó quedarnos en casita y que mejor plan que una buena película. Teníamos ganas de verla desde hacía tiempo y por fin, San Emule Bendito, nos dío la oportunidad de contemplarla la noche del Viernes.

"Quemar después de Leer" es una de esas películas que no te dejan frío. Termina y no te das cuenta de lo que te han contado ni cómo te lo han contado. Una historia a seis bandas, tres parejas heterogéneas en cuanto a relaciones y forma de vida. Un picadillo de conexiones absurdas con resultados nefastos (muy de los Coen), bajo un rítmo acertado y justo para no desesperar al espectador.

Un lujazo de reparto para unas grandes interpretaciones. Sobresale John Malkovich en el papel de un analista de la CIA recién despedido de su trabajo. Un personaje que se crece ante las adversidades que se le plantean (no solo la laboral sino la ruptura con su mujer) a base de alcohol y reflexión. Destaca su interpretación exacta, medida. Algo sobreactuado es el papel de George Clooney, sus miradas y gestos faciales a veces pecan de demasiado marcadas. Tal vez más fachada que edificio. Frances McDormand (ya trabajó con los Coen en la oscarizada Fargo) sigue en su línea de mujer normal, simple, aburrida, haciendo un papelón llevando gran peso en la película. A veces pienso que ella misma es así. Destacable Brad Pitt, un grandísimo actor injustamente valorado constantemente por su físico. Es mejor actor de lo que él mismo se cree (lo borda en Seven, Snatch Cerdos y Diamantes, Troya, Ocean´s...). No ocupa plaza de actor principal, pero su inocencia absurda sostiene gran importancia en el desarrollo de la cinta.

Una historia de inconformismo, infidelidad y deseo entrecruzados entre seis personajes con un desenlace frío, precipitado e indeciso, curiosamente el efecto contrario que te produce la visualización de la película.

Otra joya de los Coen, como no podía ser menos.

I Concurso Anónimo de Torrijas Cuaresmales

I Concurso Anónimo de Torrijas Cuaresmales

Si atendemos al poco tiempo de ocio que comparto con mi mujer a lo largo de las semanas, uno de los pocos momentos que me saben a gloria son los cafelitos vespertinos que nos regalamos mutuamente.

Con la llegada de la Cuaresma, las cafeterías y bares se empapelan de desafiantes carteles hacia la recatada gula cuaresmal con dos soberanas palabras: "HAY TORRIJAS". Conociendo mi facilidad a incumplir los pecados capitales, y más concretamente el referente al placer de la comida, no dudé en hacer frente al reto de la cata de ese bizcocho almibarado con sabor a penitentes y marcarme como tarea el buscar la mejor de las torrijas que satisfagan el sentido del gusto, en el multisensorial mundo de la Semana Santa.

De la primera que di buena cuenta, en la Cafetería Cuatro Lunas, no guardo buen recuerdo. La catalogamos con una valoración de 4. Su aspecto no era del todo fiable: aplastada, cierto tono grisáceo, ni resto de rastro de su fritura, inexistencia de sabor a vino, cierta sequedad... en fin. Lo que salvó la indigesta de la misma fue su precio de 0,90 euros. Eso, y el buen trato que siempre recibimos en dicho establecimiento, fueron las motivaciones para calificarla con susodicha valoración.

Siguiendo con nuestro recorrido gastronómico,  el pasado sábado nos topamos con una delicia de torrija en la Cafetería El Corner, esa caja de cerillos hecha cantina en mitad de la entrañable calle Concepción. La verdad que no me imaginaba que íbamos a continuar la búsqueda de la torrija perfecta en dicho bar, ya que íbamos con la idea estatutaria y preceptiva del cafelito de media mañana, pero nada más cruzar la puerta (casi el único espacio libre disponible en el interior del establecimiento) mis ojos se perdieron en el rebosante y opaco licor meloso de una bandeja de Torrijas como Dios manda. Torrija de buenas dimensiones e interesante grosor, melaza justa, presencia impecable y, tal vez,  excesivo dulzor. Todo ello nos hizo valorar dicha obra de arte de la gastronomía hispánica medieval con un 7, un notable. Belleza exenta de consonancia con el justo sabor dulce y avinado de la torrija perfecta.

Un guiño en este camino. Un accésit. Una torrija fuera de concurso. Desconozco si es casualidad o no, pero la torrija que me agencié frente a la Iglesia de la Magdalena en Sevilla (cuánto dulce en este post...) me enamoró de comanda a pago. No hace falta valorarla. No quiero. Mi santificación tras ver el incómodo descendido del Jueves Santo morado y el recio crucificado de la Madrugá sevillana, me hizo quedarme con ese regusto a Cofradía elegante que dicho postre no podía sino estar a la altura de lo que presenciaron mis ojos. Un lujo (en todos los sentido, incluso en el pecuniario). La ocasión lo merecía.

La historieta de las torrijas se va animando. Aún me quedan algunos dulces cartuchos que engullir en esta divina semana de la que ya estamos llamando a su puerta.

Llegó el Viernes de Dolores y con él la preceptiva ruta cofrade-eclesial por los templos y capillas de nuestra ciudad. La visita en esta jornada a las Iglesias se hace un rito insalvable. Paseíto del brazo, sol, olor a incienso, ruborizados pasos a medio vestir, las mismas explicaciones año a año de la función de tal pieza en tal paso de palio... Viernes de Dolores. Viernes de calma. Jornada de reflexión. Y viernes de Torrija como Dios manda. Visitar el Polvorin y no dejarse caer en el Iris para "torrijear", y más siendo tal jornada, puede equipararse a uno de los pecados capitales más infernales que ser humano pueda experimentar. Asi que, al lío, y a la torrija. La pieza que nos presentaron necesitó de una mirada de algunos segundos para comprobar la realidad de su ser: si era torrija o era tortilla a la francesa. Torrija plana, amarillenta, poco frita, blanca en su interior, apenas melada... delicioso sabor. Aquí radicaba su problema. Una presencia chirigotera para un paladar exquisito. Nota: 7. Una pena.

La siguiente que forma parte de este concurso gastronómico cofrade es la que presenta la cafetería El Museo en la onubensísima calle Rico. A día de hoy la mejor que haya entrado en mi boca. Una elegante presencia en sus apenas veinticinco centímetros cuadrados, el barniz de miel que la abrigaba, el dulzor avinado que explota en el paladar... un desafío a la gula y a la tentación. Su valoración es de notable, un 8, y más sabiendo que la comanda corrió a cuenta de la casa. Un detalle a cumplidores clientes de sábado por la mañana.

Por fin dimos el salto cualitativo en lo que torrijas se respecta dentro de mi cuaresmal búsqueda culinaria. Llegaron a mis sentidos las esencias de las obras de arte hecha dulces de las manos de la tía Anamari, una cuidadosa e insuperable repostera que me deleitó el Martes Santo, día preceptivo de torrija como Dios manda, con una bandeja que rondaba la docena del manjar cofrade por antonomasia. Una torrija elegante, con cuerpo, esponjosidad justa, generoso toque de vino, miel hecha ámbar líquido y, sobre todo, un ingrediente necesario para todo presente, el cariño y cuidado que presentaban la hechura de dicha bandeja. Un único pero (personal y quisquilloso) mi paladar rebuscaba un regusto dulce que no encontraba. Un martillazo en el David de Miguel Ángel, un enganchón en una verónica de José Tomás. Su nota, 9,5. Casi ná.

 

Cuando creí que la perfección torrijera la había encontrado llegó el destino y sus caprichos y me sentó en La Cafetería de Aracena frente por frente a la Pastelería Rufino. Tras dar buena cuenta de las viandas propias serranas llegó la hora del marcado cafelito vespertino y, como no, la hora del inigualable dulcecito arundense. Entrar en Rufino es entrar en el infierno donde el pecado se hace gula en forma de pastel. Mi señora se agenció un buñuelo que bien merecería un post, un blog, para el solo. Pero no nos distraigamos entre otros manjares y vayamos a lo nuestro. La pieza que descubrí entre los azulados papeles de la pastelería mereció mi sincero y sentido aplauso. En pié, ante las sonrisas atónitas de mi esposa y quien sabe si de la concurrencia que rodeaba nuestra mesa, no dudé en aplaudir aquella obra de Dios. La encontré. La torrija perfecta. La Maradona de las Torrijas. La Macarena de los dulces cofrades. La sensación al saborearla no sostiene palabras, solo la invitación a que todos seamos partícipes en la vida de probarlas algunas vez, como hacen los musulmanes con La Meca. Sin duda todo cofrade goloso que se precie, debería peregrinar una vez en su vida a la antigua Arai Senté y cumplir con el precepto máximo de paladear la torrija perfecta. El bajar del 10 sería una grave impudicia.

 

La última de las blasfemas sagradas formas la tomé en la cafetería Casa García en Almonaster (que pueblo…). Ni las hechuras ni las formas denotaban más del 6 que le coloqué de antemano. Tuve ojo. Si tuve el valor de probarla fue para ser más consciente y autoconvencerse de lo que ya había comido antes. Poca historia, como la brevedad que le dediqué en su deglución.

 

Una vez finalizado el periodo de cobranza  de datos, y como se puede extraer de la lectura de los epígrafes anteriores, tengo el gusto de presentarles y anunciarles a su distinguida majestad la Torrija de Rufino de Aracena, como la soberana ganadora de esta excusa llamada concurso.

"El Angeleteo"

"El Angeleteo"

Tengo que ser sincero conmigo mismo y anunciar de antemano, que no me sorprende en absoluto que a la altura de Cuaresma en la que nos encontramos, apenas una decena de días para que la primera esté en la calle, aun no haya escrito nada acerca de Cofradías.

Apenas un par de artículos leídos en los medios, un par de besamanos el día del Señor Cautivo y, lo confieso abiertamente, un viacrucis con el que me encontré una tarde de vuelta a casa, han sido los actos que han marcado esta cuarentena de ceniza. Poco más, ni los he buscado ni me han llamado.

Uno echa la vista atrás y se detiene a revisar y reflexionar sobre las aportaciones de la Semana Santa (no confundamos con Iglesia ni Religión) que han incidido a lo largo de los años en tu día a día y, al menos en mi caso, el resultado se traslada hacia una apatía y pesadumbre que, como indiqué al principio, no me sorprende.

Tal vez fuera porque naciera a los meses de que mi padre  se hiciera cargo de la Cofradía de la Burrita (no porque quisiera sino porque de no haber sido así no hubieran salidos los pasos de la Iglesia) que mi infancia, niñez y adolescencia, las fui viviendo con unos juguetes particulares y únicos. Unos varales, unas bambalinas, unos respiraderos… eran los objetos que rodeaban mi vida de un modo tan natural que, ahora camino de una inacabada madurez, la insistencia de muchos en “jugar a los pasitos” al menos me resulte chocante y grotesca.

Desde monaguillo o costalero hasta “maniquí” de la mayoría de los hábitos que lucen el Domingo de Ramos la Cofradía de la Burrita, he participado del mundo de las cofradías en todos sus rincones y formas teniendo mi particular canto de cisne con la fundación de la Cofradía de la Santa Cruz, un hecho que marcó mi punto y seguido (puesto que nunca se sabe) en mi particular vida e historia cofrade.

Por lo tanto considero lógico y respetable que llegado a un determinado punto emocional y personal, uno se guarde de disfrutar de la divina semana de un modo selecto y conciso, no entrando en mis cálculos insufribles y eternas recogías a los sones de la marcha de moda o amenazantes lluvias de cera hirviendo en las bullas cangrejeras. Mis inquietudes para disfrutar de cofradías se van por otros sitios, otros momentos, otras necesidades. Un ratito de Palco con mis padres comiendo frutos secos, la preceptiva torrija de Martes Santo, el paseíto en busca de algún palio en Plaza Niña, el ramillete de azahar que pongo y perfuma la entrada de mi casa… y mi Domingo de Ramos. De todos esos momentos particulares, íntimos  e insalvables de persecución onírica cofrade me quedo, y anhelo y recreo en mi mente con frecuencia, con lo que califiqué en su día como el “Angeleteo”.

Si atendiéramos a los inexistentes y raídos cánones, estas nueve letras marcarían la definición exacta de lo que representa uno de esos momentos que podrían determinarse como exactos, correctos, concretos, puros. Me llama poderosamente la atención que de unos mimbres tan ajustados resulte uno de esos destellos mágicos que nos regala de vez en cuando nuestra fiesta. Luz, calle, palio, gentío… esta confluencia de elementos sacros se funden en el inmortal instante del paso por la calle La Fuente del palio de Nuestra Señora de Los Ángeles.

La luz apagada de un Domingo de Ramos que se niega a morir en la rancia plaza de San Pedro colma de tristeza una calle La Fuente, olvidada a medio camino entre el color a antigua nobleza de San Pedro y las nuevas formas arquitectónicas de Quintero Báez. Una calle anónima, ignorada, que va tomando su protagonismo cofrade con el paso de los años gracias a momentos como este. Momentos en los que se hace protagonista por su justa estrechez, su cálido recogimiento, su sabor a cofradías de centro. Y en ella, avanza con mesura y burguesía un palio azul cielo, un pequeño joyero que guarda receloso a la de la sonrisa inacabada. A la Reina de Los Ángeles, la chiquilla eternamente presente no sólo en su imagen que preside el salón de mi casa, sino en el corazón de toda mi familia. El motivo de muchas lágrimas derramadas, demasiadas puntadas a destiempo y testigo de una vida cofrade y humana con más desencuentros que glorias.

El palio en su regio rumbo que le lleva hasta la Mayor es abrazado por un gentío fiel, devoto  y enamorado de la mirada resbaladiza e huidiza de la que es Madre de Dios. Mecida elegante, sones exactos con recuerdos “ochenteros” de Cantillana y bálsamo de fragancias precisas conforman un hipnótico brebaje que te hechiza con cada paso que avanza hasta su templo.

Estar en presencia del palio de Nuestra Señora de Los Ángeles en la calle de La Fuente me traslada a otro tiempo, a otro lugar, a otras gentes. Me evoca recuerdos de una niñez en la que me recuerdo correteando en interminables y agotadoras noches de montaje entre extraños juguetes para críos de mi edad.

 

Los papeles de agua (Antonio Gala)

Los papeles de agua (Antonio Gala)

Inicio este espacio dedicado a mis reflexiones sobre las artes y la cultura haciendo una valoración sobre  el último libro que acabo de leer, Los papeles de Agua de Antonio Gala.

Tengo que comenzar diciendo que no es de las obras que particularmente busqué con interés para la lectura  sino que me encuentré con ella por alguna razón azarosa del destino, creo recordar en este caso,  un regalo de Reyes de mi hermano Manolo, tan dado a regalar libros en cada ocasión (cosa que comienzo a agradecer).

No comencé su lectura hasta meses después de tenerlo en mis manos ya que tenía en la "lista de espera" algunos que le precedían. Me gusta leer los libros tal y como los voy adiquiriendo sea cual sea el interés que tenga o no por ellos, son libros al fin y al cabo. Y justo al terminar La Biblia de Barro de Julia Navarro me zambullí en el mundo literario de Antonoi Gala.

La obra narra la historia de una mujer, Deyanira Alarcón,  que se encuentra en un estado de busqueda de sí misma. Sabe lo que no quiere y no sabe lo que quiere en su vida. Huye de sí misma para encontrar algo que no sabe si tienes ganas de que ocurra. Todo esto es la causa de una vida de escritora de éxito venida a menos que vive con la presencia de su ex marido, un editor homosexual, y de su malograda familia como excusa para no creer y buscar su propia felicidad.

Huyendo de todo llega a Venecia donde cree poder encontrar la mortecina y ansiada soledad. Pero, nada más lejos de sus pretensiones, por causa de su amor y pasión por Aldo Ucelli, un mafioso asesino a sueldo,  se ve envuelta en un peligroso y vertiginoso juego siendo ella misma una de las piezas de la mafia italiana.

Una historia de desesperanza, de apatía, de deseo sexual, de intriga, rodeado de un lenguaje cercano, a veces vulgar a veces artificioso, que deja una sensación de vacío en un precipitado final

Irlanda: No importa quién está delante tuya, importa a quién tienes detrás

Irlanda: No importa quién está delante tuya, importa a quién tienes detrás

Así rezaba la campaña publicitaria que anunciaba el decisivo y último partido del torneo 6 Naciones de 2009 para la selección Irlandesa. Era una fiesta, su fiesta, y así deseaban que fuera. Hacía años que no tenían al alcance de sus manos alcanzar el triunfo del torneo incluyendo la triple corona y el gran slam, y ya sólo les restaba la "fácil tarea" de hacer callar las voces de los 74.500 dragones galeses que llenaban el  estadio del Milennium Stadium de Cardiff.

La cita del sábado estaba señalada en mi calendario rugbítico como "evento insalvable", y así  fue como me dispuse a disfrutar de él.

Después de recorrer varios bares y pub preguntando, ya no con poca vergüenza ante la incultura y desconocimiento del personal, si podían poner el partido de rugby entre Gales e Irlanda, el desánimo ante la posibilidad de perderme el gran duelo del año se iba apoderando de mi. Pero fue curioso que, siendo ya pasada la hora de inicio, y pasando por el bar que menos me esperaba, la fortuna cambió mi destino. Cruzaba por la puerta de la Cafetería Gran Vía, uno de esos salones de juego donde un ejercito de hombres grises habitan la barra con la mirada perdida, cuando mi mujer me invitó a pasar y gastar mi última bala de la esperanza "¿porque no preguntas aquí?".

Entré guiado más por el comentario de Nati que por la certeza de que en aquella cueva de humo supieran tan siquiera la existencia de tan noble deporte. Me acerqué a un joven camarero que vigilaba la escasa clientela detrás de la barra y maldecía su suerte de trabajar un sábado por la tarde, y le espeté casi sin presentación posible: ¿Tenéis canal+?. ¿Podéis poner en el canal 1 un partido de rugby?, fue mi segunda pregunta tras un directo y escueto "si" de respuesta a la primera cuestión. El chico, resignado a la indiferencia de poner un canal con un partido de rugby u otro con un documental sobre el pato finés cogió el mando a distancia y, no sin antes apretar varias veces el botoncito, aparecieron ante mis ojos y dentro una pantalla de televisión enorme, los aficionados galeses que entonaban las últimas estrofas del "Tierra de mis padres". Doble suerte: un local con canal+ y el partido aún por comenzar... solo faltaba un ingrediente para alcanzar la perfección: una cerveza.

El resto de la historia ya es conocida por todos.

 

Tributo al Principe. Fernando Redondo

Una curiosidad. A mi mujer le encanta hablar de fútbol. ¿Es eso una bendición?.

En una de las innumerables charlas cafeteras que tenemos los dos salió a la palestra la inexistencia del centro del campo madridista y la poca vinculación ética y moral hacia los colores que tienen a día de hoy los jugadores. Esta reflexión me hizo poder dar rienda suelta una vez más a mi idolatría hacia el 5 argentino. Personalmente el mejor jugador que he visto en mi vida futbolística.

No creo que sea necesario lustrar con palabras el juego del "principe", partidos como los de Manchester, Dortmunt o Valencia (todos ellos curiosamente en Champions) son la clara evidencia de la magnitud (injustamente valorada periodística y publicitariamente) que ha tenido este jugador.

Para que a mi niña se le quiten las dudas...

 

Una de cine... Alatriste

Perdiendome de un enlace a otro en esto del youtube choqué por casualidad con la escena final de la película "Alatriste". Gran película, gran historía, mejor libro. Con independencia del empleo magistral de la marcha madrugá, la escena se engrandece con  la entereza de los rancios personajes, la dureza de la trágica situación final  y  la desesperanza de un corazón español cansado de ser la bandera de la lealtad.

Os dejo con el final...

"No era el hombre más honesto ni el más piadoso... pero era un  hombre valiente.

Se llamaba Diego Alatriste, y había luchado como soldado en los tercios viejos en las guerras de Flandes.

Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedíes en trabajos de poco lustre,

a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros, que no tenían la destreza o los arrestos para saldar cuentas..."

 

 

Mi foto favorita

Mi foto favorita

A pesar de que hayan pasado ya algunos años desde que me sacaran esta imagen, aun sigo recordando aquel instante como si lo estuviera viviendo en el mismo momento. Es mi foto, la que recoje la experiencia más grande que hasta el momento haya tenido: jugar a rugby.

Sin duda era otra época, otra historia, otro mundo, donde el rugby que llevo dentro se desfogaba por los campos andaluces siendo partícipe del juego y no como simple y frustrado espectador televisivo. Como digo, era otra época, ni mejor ni peor, distinta.

Los duelos entre San Jerónimo de Sevilla y el Tartessos Huelva eran esperados por unos y por otros como algo más que un partido de rugby. Los azules viajábamos a Sevilla a sabiendas de lo que no esperaba de antemano. Arbitrajes algo más que rigurosos, ambiente hostil, rival marrullero y duro... en definitiva: un partido de rugby con todos sus ingredientes.

La rivalidad sobrepasaba en la mayoría de los casos las reglas del juego, siendo realmente extraño la contienda que acabara con los treinta en el campo. Nos esperábamos. Una mirada, un mal placaje, un fuera de juego...  era más que suficiente para desencadenar que cada uno sacara lo peor (o lo más autentico) que llevamos dentro de nuestras almas. Lo mejor de todo ello era saber que pasara lo que pasara tendría a catorce a mi lado, catorce hermanos de sangre, catorce compañeros, catorce amigos. Aun recuerdo el día que el mejor tercera que conozco, Jose Carlos Gretener "Topete", confundió la espalda de un jugador verdiblanco con el felpudo de su casa. Llovió mucho... y no fueron gotas de agua precisamente las que llenaron el campo.

Eran autenticos derbys y nos sentíamos importantes. Desde la primera hora en la que quedábamos en la Facultada de Cantero Cuadrado para salir juntos, hasta que compartíamos con los rivales en su sede de club (con un sabor a rugby tremendo) el tercer tiempo, todo sabía a rugby, todo era rugby.

Pero volvamos a la foto. La jugada era clara. Una patada a seguir de los sevillanos que recibo bien colocado en mi posición de zaguero. Mientras el oval volaba en mi dirección pude comprobar, antes de recibir, que ala y zaguero blanquiverdes se dirigían a por mí con más voluntad que inteligencia. Los dos juntos, los dos por el balon, sin cubrir campo... cuando mis manos acariciaron y notaron el placentero tacto arenoso y seco del  balón sólo tuve un pensamiento... "es la mía". Me coloqué en disposición de patear largo jugando a la "caja" (sin tres cuarto por medio) y presionar lo más arriba... pero... ahí está ( y perdónenme mi modestia) mi gran jugada maestra. Apenas solté al aire el oval para patearlo mis manos volvieron a abrazarlo, esta vez con más fuerza, y cambié mi dirección saliendo con un amago brutal hacia el otro lado del campo, dejando a los dos tres cuartos sevillanos con dos palmos de narices y corriendo detrás mía. La jugada acabaría unos metros más adelante siendo placado por algún tercera sevillano. Aun resuenan en mis oídos el eco del murmullo que provocó en el campo mi jugada...

Pero si hay algo que más me llama la atención de esta foto no es la jugada en sí misma. Hay algo mejor. El jugador que aparece en primer plano es Manolo Mazo, actualmente en las filas del Cajasol Sevilla y miembro de la selección española de rugby. Me imagino que es cuestión de estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado. El llegó y otros tantos (y no lo digo por mi ciertamente) con más valía, se quedan en el camino por el aburrimiento administrativo que someten las instituciones a este deporte. Al menos en Huelva, donde no hay apoyos ni económicos ni logísticos. Una pena.

 

Zidane. Del fútbol al Rugby (Anuncio Orange)

La Hora de los Gatos

La Hora de los Gatos

Muy a mi pesar soy de los que suelen rondar las calles en las primeras horas de cada día camino a mi trabajo.  Apenas un par de autobuses camino de las mortecinas fábricas con trabajadores adormilados y algún anónimo barrendero, pendiente más de las desesperantes noticias que oye por la radio que del rastro que va dejando a sus espaldas, son mis únicos y cotidianos acompañantes de este obligado paseo matinal. Bueno, ellos,  y los gatos. Gatos que caminan con su elegante y rápido trote desconfiado, desafiante, felino a fin de cuentas.

Cuando mañana mis pasos vuelvan a ser el único sonido que llegue a mis oídos camino de la agencia echaré de menos a uno de ellos. Uno que decidió malgastar la séptima de sus vidas saltando desde demasiada altura para su elástico y fibroso cuerpo. Como dicen, la confianza le mató. Aún perdura en mis tímpanos y en mi mente (y porque no en mi corazón) su particular y personal sinfonía mortal que compuso su cuerpo al chocar contra la acera, como el seco  y duro sonido al cerrar un libro. Ahí, y así, selló su pase al cielo de los gatos si es que lo tienen y se lo permiten.

Pero no fue esto  lo que más me conmovió en este cruel y cotidiano amanecer. Mi mirada, puesta en aquel desgraciado final, no adivinó hasta brevísimos instantes después  la presencia de un segundo animal a las puertas de aquel mortal precipicio que era la fachada de aquella vivienda abandonada, animal,  que al advertir mi inoportuna presencia se perdió en la todavía oscuridad  de la mañana aún por comenzar. Azar, confianza, destino, suicidio masivo… mi mente procesó miles de causas posibles para dicha situación, pero de todas las que recorrieron mi mente me trasladé, y quise que así fuera, a la veronesa historia de los Montesco y  los Capuleto. Quién sabe si mi aparición prohibió el derecho de la gata Capuleta a acabar sus días como su amante, qué tragedia recorrerá su alma de ser interrumpida en el momento justo e irrepetible de su romántico desenlace, qué causas tuvo el Montesco para saltar al vacío del resto de su eternidad…  Aquella gata  vagará eternamente en su tristeza hasta el fin de sus vidas odiándome que le robara su momento. Tal vez no era su día. Tal vez en ese momento gastó sin usar una de sus siete almas.

Continué mi camino relamiendo las historias y heridas amorosas de esos gatos, acompañantes anónimos de cada mañana en mí solitaria, y a partir de mañana huérfana, hora de los gatos 

Sentimiento Patriótico (II)... de Wallabies y Pumas

Continuamos nuestro camino por el HEMISFERIO SUR, mitad del mundo donde el rugby es sinónimo de fuerza, poder y agresividad, conociendo los himnos de los Wallabies y de los Pumas.

AUSTRALIA

Su himno se llama Advance Australia Fair (Adelante, Bella Australia) y es tema oficial del país desde el año 1984. Curiosamente fue el ganador de un concurso público, cuyo uno de los finalistas fue el Waltzing Matilda, que suele ser cantado por los aficionados wallabies a lo largo de los partidos como símbolo del rugby australiano. (Pido disculpas por no haber encontrado uno mejor)

 

ARGENTINA

Su Himno Nacional data de 1847 y fue llamado anteriormente Canción Patriótica. En un primer momento su letra poseía unas marcadas connotaciones anticolonialistas y revolucionarias, siendo modificada la misma con el paso de los años y de la actitud de los gobiernos argentinos más moderados. Se trata de un grito de libertad y unión del pueblo argentino.

Sentimiento Patriótico (I)... de Springboks y All Blacks

Hoy os quiero presentar uno de los hechos que más espero de un partido de rugby. Los HIMNOS. Cada uno con su historia, con su curiosidad, con su valor... pero todos con un mismo elemento en común: el SENTIMIENTO. Oir las voces desafinadas y rotas de los jugadores antes de iniciar un partido, mientras canta el himno de su país, pone los pelos de punta a la más gélida de las personas. Este canto tiene un doble valor. Por un lado la motivación, sacar todo el sentimiento patriótico, obtener ese plus de rabia y de pasión por un deporte y por un país. Por otro lado posee un efecto liberalizador, descongestionante, desestresante. El cantar tu letra a pleno pulmón te hace olvidarte de donde estás y qué vas a hacer.

Los hay cargados de mensaje político, otros narran la historia, otros culturales... pero todos muestran los sentimientos de un país.

Daremos comienzo por el HEMISFERIO SUR

SURÁFRICA

Llamado Nkosi Sikelel´i Africa,  es el himno oficial desde 1994 de la mano de Nelson Mandela. Se compone de cinco estrofas interpretada cada una de ellas en cada uno de los cinco idiomas oficiales del país:  xhosa, zulú, sesotho, afrikáans e inglés, todo ello siendo un ejemplo de integración social y cultural.

 

NUEVA ZELANDA

Su nombre es God Defend New Zealand (Dios guarde a Nueva Zelanda) y es el himno oficial del país desde 1940. Se compone de versos en inglés con algunos en lengua maorí entremezclados. Sirva de ejemplo la palabra Aotearoa (nombre de la isla en idioma maorí). Seguidamente... la mítica danza mística de la Haka Ka Mate, recuedo de los antepasados tribales. Sin comentarios...

Mi primera experiencia

Mi primera experiencia

Dicen de la muerte que ante su inminente llegada toda tu vida se te pasa ante tus ojos como destellos en forma de recuerdos. No lo sé. Gracias a Dios nadie lo puede afirmar o negar, pero en el caso de que fuera cierto, uno de esos momentos que sin duda perdurará en mi memoria para siempre será mi primer partido de rugby. Desde ese momento me enamoré para los restos de este deporte que tanto me ha dado a nivel afectivo y emocional, sin esperar nada a cambio, sin pedirme la cuenta al final de cada partido.

Mi bautismo de fuego no pudo tener un lugar más privilegiado, Granada, una ciudad que destila rugby. La ciudad Nazarí acogía los JUEGOS UNIVERSITARIOS del 2002 y hasta allí nos dirigimos aquel grupo novel, ya que éramos muchos los que debutábamos ese año y en ese deporte,  a las ordenes del entrenador del Universidad de Huelva Daniel López Torralba. Allí coincidimos gente joven con unas tremendas ganas, gente como Juan Ramos, Eduardo Fernández, Jorge Toscano, Justo Ramírez, el "Ubrique", Sergio "lord Inglés", Martin el Negro... personas escandalosamente buena gente capitaneados ya por unos incombustibles Juan Juárez y Antonio Fernández "Tete".

El grupo que nos tocó en suerte (por decir algo) estaba formado por Universidad de Sevilla, por aquel entonces en División de Honor, y por Universidad de Granada, que militaba en División de Honor B. Ámbos equipos presentaron unas formaciones de jugadores experimentados para alzarse con el título. Era como un pique personal entre ellos. Y en medio de la fiesta... de su fiesta. El Universidad de Huelva con 15 cachorros de Linces.

El primer partido nos enfrentó a Granada y debuté, como no podía ser de otro modo, defenestrado al ala. Puedo afirmar que no toqué oval en todo los 80 minutos y me dediqué a soñar un pase del segundo centro, pase fielmente quimérico ya que era Juan Juárez el que jugaba de 13 y él jamas la pasaría a un zagal ala. De ese partido me quedo con la experiencia, con los nervios del partido, con el miedo a entrar en juego, del sol que lucía en Granada, con mis dedos hinchados y morados de tanto apretarme los esparadrapos en los nudillos, del sabor a plástico del protectot bucal... y me quedo con el recuerdo del resultado. 100 - 0 a favor de los Nazaríes. Ellos se dieron cuenta en el primer minuto (o antes) de lo que tenían enfrente y se dedicaron a jugar. Una vez alcazada la cifra centenaria nos entregaron el balon y "nos enseñaron" a jugar. Recuerdo que incluso nos iban corrigiendo posiciones y dando alternativas. Un ejemplo. Estas cosas nada más que pasan en el rugby. Y no crean que fue humillante para nosotros ni para ellos, lo contrario, ellos vieron nuestras ganas de hacer cosas, nuestro coraje, nuestra ilusión y quizás la honra fue para ellos el respetarnos como rivales. Unos dignos rivales.

Una vez en el hotel y ya de noche recuerdo que me dolía todo (y mira que no plaqué) y no tenía ganas de nada. Jamás olvidaré a Martin, un tipo negro hablando en gaditano-sevillano que estudiaba ambientales, que comía de un modo brutal. Era horroroso. Se comió su menú y el de un par de ellos de su alrededor.

Al día siguiente nos esperaba Universidad de Sevilla y aunque el equipo era superior al del día anterior, se pararon en 75-0. Recuerdo como todos me decían: "Mira ese juega en la Selección"... creo que era un tipo que le llamaban el "Oso", un pilar de casi dos metros. Una bestia a la que intentó placar el gran Ubrique y fue despedido varios metros atrás. Solo pudo levantarse y decir entre balbuceo, euforia y dolor: "¡Que guapo!".

En ese trofeo quedamos los últimos y volvimos a Huelva con un sentimiento de orgullo indescriptible. El resultado era lo de menos. La experiencia lo era todo. De camino a casa el virus del rugby nos contagió a todos. Ese fué el comienzo de una leyenda, de un equipo , de un grupo de amigo.

A mi niña

A mi niña

No podría empezar de otra manera que no fuera dedicándole las primera palabras de este blog a la que, a día de hoy, es la persona más importante de mi vida. Va por ti niña, va por ti Nati.

En esta época de vacas anoréxicas para todos, en los que se hace más difícil el buscar un hueco para la sonrisa, quiero decirte que aqui estoy, que aqui sigo, a tu lado.

En los próximos meses vendrán unos tiempos difíciles para ti principalmente, y por lo tanto para los dos. Esa terrible ansiedad de esperar una fecha de examen te está limando la ilusión poco a poco, y hasta que no se estabilice todo no podrás, podremos, respirar a pleno pulmón. Es como ese delantero al que se le exigen goles y no los marca. El día menos esperado haces un hat-trick y te llevas el balon de la plaza para tu casa y, descuida, que ese día estaré en la grada dejándome la garganta para animarte. Aquí me tienes mi cielo, a tu principal seguidor.

Confía en ti misma, en tus posibilidades. Si tu no lo haces nadie lo hará por ti. Una de las cosas por las que más orgulloso estoy de ti es por tu capacidad de trabajo, por tu compromiso, por tu esfuerzo, por tu responsabilidad. Esos valores nunca deber de perderlos y que sean tu bandera. Al final tendrán su recompensa y si ésta no es la de tu examen... pues es que tendrá que venirte otra cosa mucho más importante, otras cosa a tu nivel, otra cosa que te merezcas. Ellos se lo perderían.

Ánimo cielo. Tiraremos los dos hacia adelante, unas veces con mas fuerza y otras con menos, pero... tiraremos. Descudia que si.

Un beso muy grande de labios pequeños, para una persona muy grande en cuerpo pequeño.

 

Pitido Inicial

No puedo comenzar mi nueva andadura blogística sin invitaros a pasar a lo más profundo de mis relfexiones.

Aquí encontraréis mis inquietudes y pensamientos sobre los temas que rodean mi día a día.

Señoras, señores, público inexistente. Pasen y Lean, estáis todos invitados